"" Literaratura nautica, dos años al pie del Masti de Richard Henry Dana
Dos años al pie del Mástil

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Dos años al pie del Mástil

Dos años al pie del Mástil

Me ha gustado este relato autobiográfico de las alegrias y penalidades de un joven universitario enrolado como marinero raso en un velero mercante en el siglo XIX.

Es un clásico de la literatura de viajes maritíma pero al que no solemos estar acostumbrados por estar contado desde la dura realidad de un marinero y no es la narración de un oficial o un famoso pasajero del barco.

Os encantara!

A principios del siglo XIX Estados Unidos, una pujante potencia marítima empieza a desarrollar el comercio, especialmente con la entonces remota y semibárbara California.

Dicho comercio presentaba muchas dificultades, lo que explica en parte, hasta que se desató la fiebre del oro, la lentitud y el carácter poco uniforme del desarrollo económico de esa región, si se compara con la acelerada prosperidad de la costa Este. Y no era para menos, ya que el comercio marítimo entre ambas costas exigía hacer el largo y arriesgado viaje hasta la Patagonia, bordear (lo que era aún más peligroso) el Cabo de Hornos y continuar viaje hasta los no muy seguros puertos de Monterrey o San Francisco.

Los barcos de vela  protagonizan un genero literario que despierta la imaginación y las ansias viajeras de infinidad de jóvenes de Europa y de Estados Unidos como a Richard Henry Dana, que embarcó en Boston a bordo del mercante Pilgrim para vivir una aventura de dos años que le llevaría hasta las costas californianas. Corría el verano de 1834 y Dana, a sus diecinueve años, era un brillante estudiante de la Universidad de Harvard y al enfermar de sarampión, debió abandonar transitoriamente sus estudios de Derecho y volvió al hogar paterno, donde, según sus palabras, “la ansiedad de escapar de la deprimente situación de inactividad y dependencia” le persuadió de convertirse en marinero.

La experiencia fue dura y no se pareció en nada a lo que entonces podía conocerse de la existencia en el mar a través de la lectura, lo que impulsó al joven, ya que “nadie ha escrito un libro que dé a conocer la vida y experiencias de estos hombres”, a ponerse a redactar la descripción de su viaje, tras su regreso a Boston y que desde que se se convirtió en referente imprescindible de la vida marina.

Sucedía que la mayor parte de los libros sobre el tema eran obra de oficiales de la marina de guerra o de ociosos pasajeros que “necesariamente habían de tener una idea del asunto muy distinta de la que se formaría un simple marino”. De ahí que el autor se propusiera narrar su aventura sin omitir detalle alguno de su trabajo a bordo, lo que exigía una total fidelidad, entre otras cosas, al vocabulario existente en un barco de vela, vocabulario éste que dicho sea de paso constituía en no pocas lenguas una riqueza léxica y a la vez simbólica de primera magnitud que unas décadas después se perdería casi por completo. Asimismo, la fidelidad a los hechos dio lugar en la obra de Dana a algunos pasajes que ilustran la crueldad de los oficiales sobre la marinería y las inhumanas condiciones en que ésta malvivía a bordo, con grave riesgo para su salud y a veces para su supervivencia.

El libro describe minuciosamente la travesía por el Atlántico y en especial el paso del terrorífico Cabo de Hornos, la navegación por el Pacífico hasta California, los largos meses dedicados allí al comercio y por último el viaje de vuelta, que Dana hizo por el mismo camino que a la ida pero en otro mercante, el Alert, que finalmente atracaría en Boston en septiembre de 1836.

Richard Henry Dana pudo culminar sus estudios y ejerció de abogado, y su obra se convirtió en un alegato en defensa de los derechos de los trabajadores del mar, para los que redactó un manual jurídico que en lo sucesivo sería pieza obligada en el escaso equipaje del marinero: The Seamen’s Friend. Fue un activista del abolicionismo y desempeñó cargos políticos. Sin embargo, la fascinación por el viaje ya no le abandonó, y navegó por el mundo con frecuencia, hasta su muerte en Roma en 1882.

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